De la antropofagia a la autofagia. Las derivas del caníbal en el arte contemporáneo I Rocío Abellán

Desde el descubrimiento del canibalismo en Occidente tras la conquista de América, el caníbal se ha erigido como uno de los grandes paradigmas de la alteridad y ha supuesto un importante operador ideológico con el fin de discernir lo que era correcto de lo que no, lo humano de lo inhumano. A pesar de la aversión que la figura del caníbal pueda producir, lo cierto es que la antropofagia continúa presentándose en nuestras sociedades, casi de forma generalizada, a través de la reconversión de la literalidad de su práctica hacia presupuestos más simbólicos. La heterogeneidad que, de hecho, posee el término hoy en día permite dar cuenta de la mutabilidad y trascendencia del canibalismo, una práctica que ha subsistido a lo largo de los siglos, y que ha sabido ser capaz de adaptarse a las necesidades y requerimientos de cada momento histórico (Moros Peña, 2008). La evidente actualidad del término, no solo dentro del terreno de la ficción, hace que, además de la literalidad del ejercicio caníbal, se deba atender a la metaforización del mismo (Cardín, 1994). Bajo este contexto, esta intervención pretende ofrecer un espacio en el que re-pensar el canibalismo desde una perspectiva transversal, atendiendo a postulados filosóficos, antropológicos, históricos, sociológicos, culturales y estéticos con el fin de comprender al caníbal como una de las grandes figuras del pensamiento occidental y como un trasunto necesario a partir del cual re-interpretar la práctica artística contemporánea desde el límite. Este espacio pretende reivindicar la figura periférica del caníbal, históricamente denostada, con el fin de dar cuenta de la trascendencia que dicho término adquiere en la sociedad y la cultura contemporáneas. Así, el interés que la antropofagia despertó en el seno de las vanguardias históricas a comienzos del siglo XX moduló hacia un interés por la autofagia que se desarrolló en paralelo a los grandes discursos autobiográficos que comenzaron a proliferar a partir de la década de los setenta del siglo pasado. De este modo, si todo acto antropofágico supone un ejercicio de incorporación, todo acto autofágico se transforma en un medio para el reconocimiento y la construcción identitaria del sujeto. En consecuencia, la figura del caníbal sirve no solo para analizar las prácticas artísticas contemporáneas que remiten a la antropofagia en su más pura literalidad, como son los casos de las artistas Rosalía Banet, Lygia Clark o César Martínez Silva, sino también para comprender las prácticas que exceden el componente corporal del término para reflexionar acerca del componente introspectivo y los discursos identitarios inscritos en el mismo, como son los casos de los artistas Louise Bourgeois, Félix González-Torres o Tracey Emin. Bajo este paradigma, la dialéctica entre la vida y el arte, entre la antropofagia y la autofagia, abre un campo de investigación que erige al caníbal, protagonista de mitos fundacionales (Freud, 1972) y de temores ancestrales (Jáuregui, 2008), como una figura abyecta y distópica que permite cuestionar cierta facción de la práctica artística como un acto de subversión, y proponer nuevas formas de interpretar y pensar el arte contemporáneo.