“Me leyó un trocito de su cuerpo”: La deriva en una tesis del cuerpo I Eider Chaves Gallastegui

El cuerpo ha sido entendido (mirado, vivido) de muchas formas a lo largo de la Historia. Desde la tradición platónico-cartesiana, que ha separado y privilegiado el idealismo frente al materialismo, el cuerpo ha permanecido oculto e ignorado. Aparecen así los cuerpos definidos por parámetros externos, los cuerpos obedientes, mecanizados. El cuerpo máquina. Existe, con ello, el cuerpo como investidura del poder y opresión, lugar donde se registran las prácticas hegemónicas. A su vez, aparece el cuerpo Leib, que superando la pura organicidad, considera el cuerpo sensible, expresivo, gestual, artístico, etc. El cuerpo como ecosistema informante, espacio que nos relaciona con el mundo. Desde la antropología fenomenológica, el cuerpo es construcción simbólica, lugar donde acontece la existencia. Se suma a la lista el cuerpo encarnado, el que habla de quiénes somos. Todo lo cultural, social, político, etc. se materializa `en´ y `a través de´ del cuerpo. También entra en relación el cuerpo como objeto de consumo, desde el culto al mismo, o el cuerpo en el ciberespacio, caracterizado por la no presencia corporal. Asimismo, hay una larga tradición del cuerpo como resistencia al poder, desde la educación corporal, desde el aprendizaje de elementos expresivos y comunicativos. La escucha y toma de conciencia corporal, la indagación como forma primera de liberación. La investigación narrativa que desde las petites histories desafían las grandes narrativas, obligando a interpretar la historia y romper con roles establecidos. Ahí aparecen entre otros, las propuestas queer (repensando la normatividad) y el giro afectivo (defendiendo que los cuerpos existen cuando están en relación). Todas estas concepciones y posiciones convergen y dialogan en nuestros cuerpos. Somos un cuerpo que son muchos cuerpos a la vez, y eso abre camino, y quizás obliga, a repensar cómo nos relacionamos con los cuerpos. Al plantear una tesis que toma al cuerpo como eje, se plantea la Deriva como método; tal como decía Constant, como un laberinto que encuentra caminos desconocidos y no planeados. Eso implica una actitud personal de búsqueda de lo otro, de afrontar el movimiento continuo y ese `being in the midst´ del que hablaban Clandinin y Conelly. Implica lanzarse a la incertidumbre de no saber dónde estaremos luego, que las teorías indígenas denominaron flujo constante. Según esto, De Line (2016, p.2) dice; “things are forever in motion, things are forever changing. There is nothing certain. The only thing that is certain is change”. Y quizás ése sea el abismo que aceptar, la tensión necesaria que implica ser cuerpo(s). El video pretende dar cuerpo a estas reflexiones, desde un relato y vivencia personales, para repensar nuestro modo de ser cuerpos y hablar de la Deriva.