Tractatus. Der tatsachen und dingen. I Ángel García Roldán

En el mundo, millones de especies conviven ajenas al concepto de tiempo, al menos el concepto de tiempo que hemos denominado así. Solo a los humanos se nos ocurrió inventar el concepto de ‘realidad’; una idea permeable, flexible y modificable que posiblemente sea la mayor y más poderosa habilidad que nos identifica como seres reflexivos. Gracias a este concepto podemos plantear una posición dentro de un relato; esas historias que hablan de lo qué somos, de dónde venimos, de lo qué hacemos, de nuestros semejantes, de los caminos recorridos y de los lugares que soñamos por descubrir. En definitiva, narraciones que dotan de significado a lo que hemos denominado como ‘realidad’. Podemos, entonces, intentar pensar ‘la realidad’ como una herramienta; una superestructura invisible de la que solo podemos tener consciencia por sus hechos y por sus rastros. En este punto, entenderemos su enorme poder de transformación, ya que con su instrumentalización no solo somos capaces de ver el mundo e interpretarlo, sino también adaptarnos a él, modelando nuestra conducta y modificando constantemente nuestro parecer sobre los hechos y las cosas. Los relatos construidos en torno a la ‘realidad’ también deben de considerarse como herramientas usadas para expresar pensamientos y alterar su significado. Explorar, por tanto, se convierte en una forma de reconocer la realidad y seguir su rastro. Su narración, sea descripción o interpretación, es una forma también de ser alterado. Un metraje, desde el punto de vista de la narración, puede ser considerado como un relato lineal, aunque no todas las historias establecidas en una linea de tiempo tienen que obedecer a una causalidad discursiva; pueden establecer múltiples enfoques que permitan diferentes puntos de vista de ‘la realidad’. Sus hechos con frecuencia, no se causan entre sí (A-B-C-D); al contrario, pueden influirse mutuamente, girando, envolviéndose, o retroalimentándose. La ventaja de un relato lineal es que puede simplificar cosas complejas, siempre que seamos conscientes de que dicha síntesis nos sitúa probablemente lejos de ‘la verdad’. La mayoría de los filmes de la industria cinematográfica o televisiva redundan en este peligro. Por naturaleza, estas narrativas determinan una conclusión planteando una última oración en la que se desarrolla una ‘verdad’, aunque sea falso que exista una única verdad sobre la visión del mundo: esta normalización es el verdadero peligro. “Tractatus. Der tatsachen und dingen” es un videoensayo en el que se altera la linealidad discursiva incluyendo otros posibles puntos de vista que ponen en cuestión la solidez del tiempo y la capacidad de retroceder en él. Si los hechos pueden ser contados desde distintas perspectivas, entonces el tiempo habrá de ser una cuestión ‘real’ en cada uno de los relatos que conforma la historia. Esta videonarrativa a/r/tográfica ofrece un trama inquietante basada en un único personaje que a lo largo del metraje va ofreciendo diferentes aspectos de ‘la verdad’ construida en torno a la primera proposición de Wittgenstein en su “Tractatus. Logico-philosophicus”: «1. El Mundo es todo lo que es el caso»