Existe un habitus aural que pasa desapercibido por nuestros oídos. Un habitus aural enraizado en la uniformidad de nuestros ecosistemas sociales, en las repeticiones invasivas musicales y sonoras de los medios de comunicación, y por las políticas estéticas y económicas de las instituciones de gobierno. Esta raíz germina fácilmente ante la falta del estimulo a emprender el ejercicio de la voluntad que significa escuchar. Estas circunstancias sugieren que nuestra educación sonora se establezca en registros muy cortos y casi siempre musicales. El grupo Pensar sonido, pensamiento y creación, dirigido por Jaidy Díaz, es un espacio que busca des-habituar la escucha para más bien convocar el extrañamiento de los actos sonoros para ampliar el rango de la escucha e incluso de la percepción. Un extraño desbarajuste del cuerpo: escuchar con los ojos, ver con los oídos y percibir con esfuerzo, abren preguntas a un cuerpo tanto colectivo como individual que se recompone y entiende las dimensiones de escucha como un sistema de valores políticos y estéticos únicos, enraizados en la propia experiencia del mundo. De-colonizar nuestra escucha significa perforar la homogeneidad de la oreja colectiva; perforación griega, en su forma teatral, que admite la convivencia de lo heterogéneo, lo polifónico e incluso lo ruidoso. Abrir la oreja a la escucha, significa desatorar siglos de historia musical de nuestra percepción, agrietando canales perceptuales rancios para iluminar fenómenos singulares en los que el cuerpo-escucha deviene su propio agente de territorios, memorias, materiales y poéticas audibles únicas. Fijar los limites de la escucha así como sus posibilidades e imposibilidades es excluyente puesto que en el habitus uno se excluye de lo que está excluido. Con poca atención sobre nuestra educación aural, enmarcada históricamente como algo reservado a las y los profesionales de la música, a finales del siglo XX y aún hoy, el debate por la conquista de los territorios expandidos expansiones , nos encarga habitar la sospecha y la apertura; la sospecha de los limites de los sentidos, el cuerpo y las disciplinas, y, la sospecha de las herencias de la modernidad que impulsó clasificaciones, taxonomías de formatos, géneros, y prácticas en una ansiedad determinista de polaridad y binarismo. Desde nuestro lugar de activación de la escucha, Bogotá, en medio de las prácticas de creación interdisciplinar independientes y de los procesos de formación artística de la maestría interdisciplinar de teatro y artes vivas, la escuela de artes plásticas y visuales y la Société Pitouch, acogemos la escucha como fenómeno político, ético y estético. Sus figuras predominantes: el Escuchatorio y los laboratorios de creación ofrecen resistencia a una escucha unificada haciendo ruido a nuestra experiencia sensible que deriva en procesos de creación y acción poética únicos. Algunos elementos prácticos y conceptuales de estas experiencias con la materia sonora como sustancia de creación, y de la escucha, esperan ser puestos en relación con ustedes.