La visión aérea se ha concebido desde sus inicios en la tradición judeo-cristiana como el punto de vista divino y omnipresente de un Dios que todo lo ve. Esta concepción panóptica y de privilegio del que observa sobre aquello que es observado, ha continuado a lo largo de los tiempos hasta llegar a la modernidad, ocupando un importante espacio en las representaciones artísticas, comenzando por la ilustración de mapas y atlas de ciudades, hasta el desarrollo de la fotografía aérea y su aplicación en los conflictos bélicos del s.XX. Este tipo de imágenes son un claro ejemplo del deseo de querer controlar, dominar y vigilar, no sólo el espacio, sino también, por supuesto, a las personas que habitan en él. El historiador Thomas Carlyle ya apuntaba en 1840 a un “Héroe capaz de visualizar la totalidad de la historia con el fin de sostener y dar continuidad a la autoridad autocrática”, señalando el concepto de visualidad como como un mecanismo de poder, y herramienta legitimadora de las políticas de dominación y desigualdad. Actualmente, con el avance tecnológico, hemos normalizado este tipo de vista divina gracias a su implantación en la vida cotidiana con aplicaciones como Google Maps, o las imágenes por satélite, olvidando su uso instrumentalizado de monitoreo, registro de datos, así como la violencia simbólica que subyace en ellas. El presente artículo se centra en analizar las diferentes propuestas artísticas contemporáneas que han ido surgiendo a lo largo de los últimos años, y que utilizan la imagen aérea en su más amplia representación, para plantear una re-significación, o generar un cuestionamiento y crítica al paradigma visual y régimen de sentido que generan este tipo de imágenes.